Vale que el alcohol hace muy malas pasadas a poco que dejes de controlar... pero de ahí a montar un intercambio de parejas y que ni te fijes en dónde la metes ya tiene delito. Quizás, inconscientemente, estos cuatro llevan toda la vida siendo gays y no lo querían reconocer, porque la verdad es que le dan con gusto. Mención aparte merece la tía que se pone guantes no vaya a ser que se pringue los deditos con jugo de coño. Jo, tía, te apesta el potorro a sardina, tía, superfuerte... me voy a la cocina a por los guantes, o sea, qué fuerte!