Repartidora de pizza forzada a follar

Quién dijo que el porno no es cultura. Lo es, y por encima, de la entretenida… Sin ir más lejos, con una simple visualización de este vídeo aprendemos muchas cosas sobre los paises del este y sus costumbres culinarias, a saber:
1. Entregan las pizzas en coche y en pareja: él conduce y ella pregunta la dirección a los viandantes, supongo. Eso sí, adoptan la costumbre universal de que la caja debe llevar impresas al menos dos palabras en italiano, aunque la señora que haya elaborado la pizza crea que Roma se encuentra en Portugal, justo al lado de París.
2. No sólo es absolutamente legal forzar sexualmente a la repartidora sinó que es considerado como propina. Es más, si el cliente no lo hace ella podría denunciarlo a la policía. La repartidora, en agradecimiento, fingirá que ese tipo de relación la incomoda y hará ver que quiere parar, pero siempre de modo que incremente la excitación del cliente y no se interrumpa la acción. Si esto ocurre, la pizza será gratuita.
3. Las repartidoras, aunque deban vestirse como adolescentes, son treintañeras con dilatada experiencia sexual para, por ejemplo, en caso de brusca penetración anal no consentida evitar molestos llantos con mucosidad o alaridos que perturben la paz vecinal.
4. El conductor del vehículo debe esperar pacientemente a su compañera, así pasen veinte minutos, no vaya a incomodar al cliente vía bocinazo y/o irrupción descortés en domicilio.
5. Filman escenas morbosas con un puñado de euros, no como aquí donde la industria patria se gasta millones haciendo películas con actrices que no saben follar creyendo que el porno es cine…


Experta en cibercuernos
